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30 noviembre 2016

Cuajada y flan Royal

Ayer estaba en el supermercado cuando vi a una mujer, a una madre acompañada de una cría que no llegaría a los diez años, puede que siete, comprando dos paquetes de sobres Royal para preparar flan.

Se me encendieron todas las alarmas.

Hoy en día es correcto decirle a alguien que no debería fumar, que el tabaco es malo para la salud. Es correcto, y necesario, advertirles de que no deben abusar del alcohol, porque es perjudicial para la salud. Sin embargo, como me pasa a mí a diario (y la razón por la que he dejado de publicar las entradas del blog en el Facebook) cuando les dices que el azúcar es perjudicial para la salud, cuando tratas de hacerles ver la cantidad de azúcar añadida que están ingiriendo diariamente, te miran con cara rara, te dan la espalda, se burlan de ti o directamente te sueltan que eres una pesada y que les dejes en paz.

¿Cuándo será socialmente aceptable decirle a una persona que esa comida que está tomando, la que le pone en la mochila a sus hijos para la hora del recreo, no es buena para su salud?

En fin, volviendo a los flanes en polvo Royal, me he encontrado con la cuajada. También Royal. Yo no recuerdo haber tomado nunca cuajada, pero mis instintos me dicen que sale de la leche. A eso llego. Por lo cual no puedo reprimir mi estupor cuando veo la lista de ingredientes.


Almidón, fructosa, espesante, azúcar (y ya van dos), estabilizador, aroma y cuajo. PUEDE CONTENER LECHE.

Puede contener leche. No. Debería contener leche. En polvo, desnatada, lo que sea. 40% de azúcar. 

Mi wikipedia dice que la cuajada es un producto lácteo elaborado con leche que se cuaja por efecto de un fermento, el cuajo, que se extrae del estómago de los rumiantes.

No dice nada de almidón. Ni de azúcar al cuadrado. Leche y cuajo. Para hacer cuajada te tienen que vender el cuajo, ya que la leche la vas a poner tú. Todo lo demás sobra.

Busco una receta de cuajada casera en internet (aquí está el enlace a la receta) y me encuentro que los ingredientes son leche fresca recién ordeñada (o en su defecto leche fresca y leche en polvo, para que ayude a cuajar), cuajo y sal. No dice nada de azúcar.

Luego llega la Arguiñano, la de los postres, y le añade azúcar a la receta para que no se le queme la leche. Pues no te vayas a ver la tele mientras la estás preparando, milks. 


Pero yo iba a por el flan y me he ido pero por las ramas.





Ingredientes: Azúcar, carragenina (una mezcla de minerales que se encuentran en algunas algas y que se usan como espesantes desde hace muchos años. Pero vamos, que no ocupan sitio) y goma, para espesar más. Menos del 2% de sabor natural y artificial, sal, jarabe de maíz de alta fructosa, azúcar, jarabe de caramelo y color caramelo.

Hasta ahora he contado azúcar cuatro veces. Azúcar con jarabe de fructosa con azúcar y con caramelo. Lo que no encuentro, aparte del concentrado de algas, es algún otro ingrediente que no sea azúcar. Veamos la información nutricional: ¡en 19 gramos de producto hay 18 gramos de azúcar! Vamos, que te están vendiendo dos sobrecitos de azúcar y llamándolo flan.

Lo más gracioso es que indica que para un postre más rico, además de la leche le añadas dos yemas de huevo. Y si no está lo bastante dulce, 1/4 de taza de leche con azúcar. ¿Qué fabricante puede tener la cara dura de indicar que le añadas más azúcar a un producto que es esencialmente azúcar?

Y digo yo, ¿el flan no es leche con huevos y azúcar? Si tengo que añadir la leche y los huevos, ¿qué carajo se supone que me están vendiendo? Porque si lo que no quiero es tener que meterlo al horno, le echo unas láminas de gelatina y se acabó el problema.

A la cárcel. Todos.


06 noviembre 2016

Oreo y alternativas

Reconozco que debo ser de las pocas personas, ¿o no?, que no las abren y las empapuzan en la leche. Más que nada porque la última vez tuve que limpiar la mesa, el suelo y a mí misma después de hacerlo. Eso sí, me zampaba el primer paquete y me sentía incapaz de no volver a la cocina para meterle mano al segundo. Están buenas las condenadas.




Ah, qué buenos tiempos, cuando uno se permitía esos lujos sin echarle demasiada cuenta a las etiquetas de información nutricional. Que sí, que sabías que no podía ser muy bueno para la salud, pero ojos que no ven...

Siempre me han gustado las galletas y los cereales, cualquier tipo de hidratos de carbono en realidad, y es de las cosas que más echo de menos. Pero lo cierto es que me siento diez veces mejor y no volveré a recaer. Buscando alternativas más saludables estoy.

Pero vamos al lío.

Ingredientes:



El primero, cómo no, la incombustible azúcar, a la que a la mitad de la lista se le añade el sirope de maíz de alta fructosa, que es simplemente más azúcar añadida.
¿Y cómo influye todo esto en el desglose de nutrientes?



38% de azúcares, 4.1 gramos en cada galleta, lo cual multiplicado por las cuatro que trae el paquete hace que de una sentada te estés comiendo más de 16 gramos. Más el azúcar de la leche.

El resto de variedades no salen mejor paradas:


Oreos bañadas en chocolate blanco, casi un 50% de azúcar.



Oreos doble crema: 44.5% de azúcar.

Buscando por Internet he encontrado unas galletas sin azúcar en Mercadona, pero el nombre nada más ya me echa para atrás.

Galletas sabor limón. No me gusta el limón, en ninguna de sus variedades, y este ni siquiera es de verdad.


No puedo opinar si están buenas o malas porque no me voy a molestar en probarlas, pero con esa inmensa lista de guarrerías, es que es para dejarlas en el estante treinta segundos después de haberlas cogido. ¿No se pueden hacer las galletas como antaño, con harina, huevos, aceite o mantequilla y algún tipo de endulzante? Además, a 167 calorías cada cuatro galletas, tampoco merece la pena.

PS: Demasiado pronto para desayunar, rebuscando en la web he encontrado la web de Gullón con una línea entera de galletas sin azúcar. Las calorías son las mismas (eso es difícil de evitar, pero todas andan en torno al 1%-2% de azúcar, y tienen infinidad de variedades). El martes me llego al supermercado y empiezo a probarlas. Estas serían las equivalentes a las Oreo.






02 septiembre 2016

Experimentando con la fructosa

Hasta ahora, la mayor parte de los regímenes de adelgazamiento se han basado en el hecho de que hay que comer menos calorías de las que gastas, y de esta forma perderás peso. El error en semejante razonamiento proviene de considerar que todas las calorías son iguales, que el cuerpo las procesa de igual manera, independientemente de dónde procedan. Y no. No es lo mismo comerse dos bocadillos de jamón que un trozo de tarta.




Hasta hace unos 500 años el azúcar de mesa, como tal, no existía. No hasta que los emigrantes europeos empezaron a explotar las plantaciones de caña de azúcar en el caribe. Hasta entonces toda el azúcar que consumíamos provenía exclusivamente de la que se encuentra en frutas y verduras... y cereales. O no. Porque sólo hace 10000 años que aprendimos a cultivarlos. Durante el millón de años anterior nuestro cuerpo no recibía nada de eso. Estábamos adaptados a vivir a base de carne, frutas y raíces. ¿Resulta tan difícil creer que no hemos tenido tiempo material (1000 años, 500 años) para adaptarnos a una nueva dieta que nos es completamente ajena? No es de extrañar que nuestro cuerpo nos saque el dedo. Tráeme un mamut.

Con un estudio de 2009 de la Universidad de California, el Dr. Davis se une al creciente grupo de científicos que demuestran que consumir jarabe de maíz de alta fructosa es la forma más rápida de destrozar tu salud. Ahora se sabe sin el menor género de duda que el azúcar añadido, en cualquiera de sus formas, nos está pasando una factura exorbitante.

Y la fructosa en cualquiera de sus variantes, incluyendo el JMAF y la fructosa cristalina, son lo peor de lo peor. La fructosa, un endulzante barato que normalmente se obtiene a partir del maíz, se usa en miles de comidas procesadas y refrescos. Un consumo excesivo de fructosa puede causar daño metabólico y desencadena los primeros estadios de la diabetes de tipo 2 y las enfermedades cardiacas, que es lo que demostró el estudio de Davis.

En dicho estudio, durante un período de 10 semanas, se sometió a 16 voluntarios a una dieta controlada con altos niveles de fructosa. Los sujetos desarrollaron nuevas células grasas alrededor del corazón, el hígado y otros órganos del aparato digestivo. También mostraron anomalías a la hora de procesar la comida, anomalías asociadas a la diabetes y las enfermedades cardiacas. Otro grupo de voluntarios con la misma dieta, pero consumiendo glucosa en lugar de fructosa, no presentó ninguno de estos problemas.

La fructosa es uno de los principales detonantes de:

- Resistencia a la insulina y obesidad
- Tensión arterial alta
- Niveles altos de triglicéridos y de colesterol malo
- Falta de vitaminas y minerales
- Enfermedades cardiovasculares, hepáticas, cáncer, artritis e incluso gota

[To be continued]

Artículo original en inglés I






29 agosto 2016

Una breve historia de la Coca Cola

La Coca Cola, inicialmente concebida como un medicamento que se vendía sin receta, y de dudosa eficacia, fue inventada a finales del siglo XIX por John Pemberton.



El nombre hace referencia a dos de sus ingredientes originales: nueces de cola (una fuente de cafeína y origen del término "cola"), y hojas de coca, aunque la cocaína fue totalmente eliminada de los productos alrededor del año 1929.

Veamos la composición típica de una lata de Coca Cola. Aunque los ingredientes y porcentajes varían dependiendo de los países, el porcentaje de azúcar se sitúa en torno al 10% - 11%:



En una botella de 250 cl, un quinto para los amigos, tenemos 27 gramos de azúcar añadido. Creo que la etiqueta lleva a confusión, porque indica que corresponden a un 29% de la cantidad diaria recomendada, lo cual lleva a pensar que uno puede ingerir alrededor de 100 gramos de azúcar al día, y quiero creer que aquí sí que van incluidos los azúcares presentes de forma natural en frutas y verduras. Aun así, 27 gramos de azúcar ya son la cantidad recomendada de azúcares añadidos diarios.
Los médicos no aconsejan más de un botellín a la semana.

Si cambiamos de país cogemos una lata americana, lo primero que notamos es que además le han añadido sal. ¿Qué consiguen con esta jugada en principio absurda? Pues que te entren ganas de orinar, tengas más sed y pidas otra Coca Cola.




Además, no nos indica el porcentaje de azúcar que estamos ingiriendo respecto a la cantidad diaria recomendada. Sí el de hidratos de carbono, pero es que no son lo mismo. Según mis cálculos, sería del 42% por ciento (casi la mitad diaria de azúcar en una sola lata de refresco), y ya habríamos superado con creces la cantidad de azúcar añadida recomendada.

Gráficamente podemos verlo así, donde junto a cada envase se ha indicado la cantidad de azúcar que contiene.




Pero la cosa no acaba ahí, y va a peor.

La compañía ha seguido diferentes estrategias a la hora de comercializar su producto y conseguir que bebamos más. En la siguiente foto se aprecia cómo han evolucionado los envases con los años (llevándonos a beber más y más cada vez), así como cuál sería el peso ganado durante un año si tomáramos uno de esos envases diariamente. Porque, como todo el mundo sabe, "una botella de medio litro de Coca Cola no está pensada para dos personas, sino que es una sola ración).

Nota: las medidas son americanas, por lo que las cantidades pueden resultar extrañas.



Es decir, tomando diariamente una lata de Coca Cola, en un año engordaríamos 7 kilos. Fabuloso.

Y las cosas siguen empeorando.

En 1985 la compañía reemplazó la fórmula original por una nueva, a la que llamaron New Coke. Los ensayos a ciegas habían demostrado que los consumidores preferían el sabor más dulce de la Pepsi. El nuevo invento era más dulce que el original y contenía más calorías y mayor cantidad de cafeína, que es un diurético, y por lo tanto aumentaba todavía más las ganas de orinar, y la sed.




La nueva fórmula no cuajó, y tras apenas tres meses en el mercado fue rebautizada como "Canadian Coke", empezó a ser retirada de las tiendas americanas y sustituida de nuevo por la receta original, bautizada ahora como "Classic Coke". Pero con un ligero cambio. Mientras anteriormente los envases de Coke llevaban azúcar, ahora todos ellos usaban jarabe de maíz de alta fructosa como endulzante. Más dulce, más barato, más dañino por contener un 55% de fructosa.

Aunque antes de 1985 algunos fabricantes de Coca Cola ya usaban el JMAF en sus productos, tras la reintroducción de la "antigua" fórmula se convirtió en una práctica habitual y casi universal.









23 agosto 2016

¿Por qué es mala la fructosa?

El azúcar (sucrosa) y el jarabe de maíz de alta fructosa aportan una parte significativa de las calorías totales en una dieta occidental estándar. Los dos están formados por dos azúcares simples, glucosa y fructosa.

La glucosa podemos encontrarla en la naturaleza en el almidón, en alimentos como las patatas o los cereales. Nuestro cuerpo la produce, y todas las células en la faz de la tierra contienen glucosa. Es una molécula esencial para la vida. Sin embargo, la fructosa no lo es. Los humanos no producen fructosa, y durante toda su historia evolutiva no la han consumido nunca, excepto de forma ocasional cuando la fruta estaba madura.

La glucosa y la fructosa se metabolizan de forma completamente distinta en el organismo. La clave reside en el hecho de que, mientras todas las células del cuerpo pueden usar la glucosa, el hígado es el único órgano que puede metabolizar cantidades significativas de fructosa. Cuando la gente come una dieta rica en calorías y en fructosa, el hígado se sobrecarga y empieza a convertir la fructosa en grasa.

Dr. Lustig y otros científicos creen que el exceso de fructosa es el detonante de muchas de las enfermedades más serias de hoy en día, como la obesidad, la diabetes tipo 2 y los problemas cardiovasculares. Según sus observaciones, comer altas cantidades de fructosa en forma de azúcar añadido puede:

- Hacer que el hígado sintetice grasa, parte de la cual se exporta en forma de colesterol y triglicéridos, provocando la acumulación de grasa alrededor de los órganos, y en último caso un fallo cardíaco.

- Incrementar los niveles de ácido úrico en sangre, provocando gota y una elevada tensión arterial.

- Provocar la acumulación de grasa en el hígado, pudiendo causar la enfermedad del hígado graso.

- Causar resistencia a la insulina, que provoca obesidad y diabetes de tipo 2.

- La resistencia a la insulina provoca el aumento de la proteína IGF-1 en todo el cuerpo (factor de crecimiento insulínico tipo 1), y con ello el riesgo de sufrir cáncer.

- La fructosa, al contrario que la glucosa, no activa la leptina (la hormona que regula el apetito), haciendo que consumamos más calorías de lo normal. Un exceso de fructosa puede provocar resistencia a la leptina, contribuyendo al aumento de la obesidad.

Si el hecho de que pueda provocar obesidad, cáncer, problemas cardiacos y diabetes no es razón suficiente para dejar de consumir azúcares añadidos, no sé qué lo es entonces.

De acuerdo, todo esto no ha sido demostrado más allá de toda duda en ensayos clínicos, pero las evidencias actuales son muy fuertes y apuntan en dicho sentido.




Es importante tener en cuenta que todo esto no se aplica a la fruta. La fruta no es una bolsa de fructosa, sino comida con bajos niveles energéticos y montones de fibra. Tendríamos que comer cantidades ridículas para que la fructosa resultara dañina. Los efectos perjudiciales de la fructosa se aplican a la dieta occidental con un exceso de calorías y azúcares añadidos, no a los azúcares presentes de forma natural en frutas y verduras.


Artículo original en inglés